Todo es alimento: Somos mucho más que lo que comemos.

El Ayurveda, la antigua ciencia milenaria de la salud y el bienestar, sostiene que todo es alimento. Todo lo que entra dentro de nuestro campo de conciencia, ya sean colores, sonidos o impresiones táctiles, pensamientos o emociones, en fin, todo aquello que podemos percibir se convierte en nuestro alimento, es decir, nos nutre, en el caso de que sea un alimento saludable, o nos mata, si el alimento resulta tóxico. Esto le otorga una dimensión más profunda a la alimentación. Pues no sólo tenemos que vigilar lo que nos llevamos a la boca, sino también lo que tenemos a la vista, los pensamientos con que ocupamos la mente, los olores y ruidos a los que nos exponemos, el tacto de la ropa que vestimos o la música que escuchamos, porque, indefectiblemente, lo que no nos nutre…
Existen pensamientos que nos nutren, nos empoderan, nos motivan o nos relajan, del mismo modo que hay pensamientos que nos preocupan, nos alteran, nos envenenan la sangre (literalmente hay pensamientos cuya toxicidad es medible en sangre). Existen emociones, en sus estados de animo asociados, que, igualmente, pueden ser saludables, o altamente tóxicas. A veces mantenemos conversaciones que más allá de no aportarnos nada, nos aburren, nos deprimen, o nos angustian, y sin embargo nos obligamos a escucharlas, por compromiso, por cortesía, o por pura adicción a los particulares neuropéptidos que nuestro cerebro vierte en el torrente sanguíneo cada vez que escuchamos o pronunciamos un insulto o un determinado juicio.
Tampoco es cuestión de agobiarse, pero resulta muy significativo dar un repaso a todo aquello que nos rodea: nuestro espacio de trabajo, la ropa que nos viste, nuestra casa ordenada o hecha un asco, la historia que cuenta esa voz en la cabeza, las conversaciones que mantengo a diario, conmigo mismo y con los demás, las que oigo, sin oportunidad de escapatoria mientras viajo en autobus, o lo que me zampo en cuanto prendo el televisor y doy un repasito a los canales. ¿Es este el lugar dónde quiero vivir? ¿Son estas las personas con las que quiero relacionarme? ¿Es esta la historia que me quiero contar sobre lo que me está pasando? ¿Cómo he podido vivir todos este tiempo con ese color en la pared?
Quizá empieces por cambiar de peinado y termines mandado a algún amigo a la porra, dejando el trabajo, a tu pareja o incluso tu ciudad, o país. Tal vez, encuentres formas menos drásticas de mejorar tu entorno para, sencillamente, sentirte mejor, ganar en bienestar y salud y vivir una vida más plena y armoniosa. Dedicarte unos momentos para relajarte en el baño, encender unas velas, prender un incienso, escuchar tu música favorita, sabiendo que así estás nutriendo tu alma, además de tus sentidos. Puede que empieces a hacerte amigo/a de los pequeños detalles, de comer sin prisas, de mantener el orden y la limpieza, de pararte a contemplar el cielo estrellado, o pasear descalzo/a sobre el pasto.
No se trata de cambiarlo todo de golpe. Es más una cuestión de iluminar, a través de la conciencia, las zonas oscuras de nuestra realidad cotidiana. Si sientes que el comer papas fritas te da una patada en el estómago, puedes hacer tres cosas: dejar de comerlas, comerlas a pesar de todo, o comerlas mientras te dices, en voz alta, o privadamente “estoy comiendo esto aún sabiendo que me hace mal”. Esto es lo que te recomendamos: Primero, antes de comer haz una pausa y reflexiona sobre lo que estás haciendo. Si aún así, te vence el impulso de comerlas, no dejes de comerlas, ilumina cada acto con la conciencia, sigue comiendo papas fritas, no te cortes, pero cada vez que comas una, repite tu mantra: “estoy comiendo esto aún sabiendo que me hace mal.” Una repetición por cada papa que entre en tu boca. Probablemente, si sigues comiéndola de este modo, llegará el momento en que dejes de hacerlo sin esfuerzo alguno por parte de tu voluntad. Voluntad que su vez se fortalecerá con cada acto de conciencia.
Igualmente, cuando te obligues a permanecer escuchando una conversación que te hace mal, repite mentalmente este mantra: “Estoy aquí, escuchando esto, que no sólo no me interesa, sino que me hiere y me intoxica, sin hacer absolutamente nada.” Y observa cuánto tiempo más mantienes la conversación y la escucha tóxica. Puede que te sorprendas.
La vida es un milagro único y raro. Vivirla plenamente y en consciencia es nuestra responsabilidad. No la malgastemos matándonos lentamente con alimentos, pensamientos, relaciones, emociones, sonidos y sensaciones que nos intoxican y nos hacen infelices.
Que toda la paz sea con vosotras y vosotros.